cerveza y vino
¿Sabías qué?

5 razones por las cuales la cerveza es mejor que el vino

  1. La cerveza tiene más historia: el origen de la cerveza puede rastrearse arqueológicamente desde hace más o menos 10.000 años. Sólo el perro y el fuego han acompañado a la sociedad humana por más tiempo que la cerveza, y es que probablemente el elixir de los dioses haya sido el motivo por el cual el hombre decidió dejar de ser nómada para convertirse en un animal agricultor de sociedad sedentaria. Verán, los humanos antes de ser sedentarios éramos recolectores, y en determinado momento decidimos recoger cereales sin saber qué se podría lograr con ellos. Un día ese grano de trigo o de cebada se mojó, liberó almidones y posteriormente como resultado de las levaduras silvestres que se encontraban en el aire empezó a fermentar; ahí fue cuando el humano por accidente bebió un sorbo de ese caldo de granos y se dio cuenta que no sólo tenía un sabor agradable y generaba sensación energizante como resultado de los azúcares que se estaban consumiendo sino que también daba una suerte de «alegría al espíritu» bastante difícil de explicar para entonces. Las pirámides fueron construidas gracias a la cerveza, los vikingos conquistaron los mares del norte de Europa acompañados de la cerveza, en la edad media el agua era tan perjudicial para el consumo humano (por lo contaminada que se encontraba) que la cerveza sirvió de instrumento de supervivencia para poblados enteros a lo largo y ancho de Europa. Hablar de la historia de la cerveza es hablar de la historia de la humanidad, por lo que la convierte en un brebaje poderosamente interesante.
  2. La cerveza es más versátil al paladar: existen cientos de combinaciones posibles que generan infinidades de sabores y estilos, cada uno para satisfacer alguno de los más diversos paladares. Existen cervezas herbales, dulces, amargas, achocolatadas, cítricas, agrias, con sabor a café. Las hay para quitar la sed, para acompañar carnes rojas, para comer maní, para contrarrestar el picante, para potenciar el picante, para limpiar el paladar, para después del postre y hasta incluso como sustituto del postre. No existe posibilidad gastronómica en el que la cerveza (en alguno de sus múltiples estilos) no quepa; no podemos decir lo mismo del vino.
  3. Hacer cerveza es como cocinar: un maestro cervecero es como un Chef de cocina: carameliza, utiliza hierbas y especias, trabaja con proporciones de cereales, busca textura, aromas, prepara un caldo hasta encontrar el punto perfecto. En cierta medida un enólogo hace lo mismo pero su rango de opciones es mucho más limitado. Cuando el éxito de un buen vino se encuentra en la calidad de la cosecha, está más en las manos del maestro cervecero mediante su arte y su «alquimia» el poder generar infinitas posibilidades para dar con nuevos sabores.
  4. La cerveza (incluso la artesanal) es más barata: seamos honestos, tener la oportunidad de poder experimentar distintos rótulos de calidad en una media aritmética de costo menor nos permite la posibilidad de regalar al paladar un rango mucho más mixto de sabores por el mismo presupuesto. Ciertamente el mercado de la cerveza «mainstream» nos enseñó que disfrutar de la cerveza requería de comprar al menos una caja (de doce unidades) para disfrutarla el fin de semana, pero a título personal prefiero invertir mi dinero en comprar 5 o 6 rótulos diferentes y poder variar el sabor repetitivo de la American Standard Lager. Una botella decente de vino puede costar cerca de 20 a 25 US$ al cambio correspondiente de cada país; con esa misma cantidad de dinero puedo comprar suficiente cerveza de alta calidad y mezclar estilos a placer. Podemos obtener una experiencia gastronómica mucho más compleja, diversa, excitante y satisfactoria.
  5. Es el «lubricante» social por excelencia: es impresionante cómo la cerveza nos abre espacios y permite que lleguemos a otras personas de una manera supremamente natural. Es una bebida poco pretenciosa que nos invita al abrazo, a compartir entre amigos, a sonreír, a degustar, a comer en familia. Por la cerveza hemos hecho amigos en el estadio, por ella nos convertimos en mejores bailarines y perdemos el temor a cortejar. Esta bebida por muy poco nos ha dado mucho y nos abre las puertas de par en par para alcanzar con empatía a otros seres humanos.

Y es que si bien es cierto que al vino puede atribuirse también en cierta medida todas estas características, nunca tendrá el alcance, la versatilidad y el impacto social que tiene la cerveza en nosotros, otorgándonos experiencias increíbles en distintos escenarios. Más rica en historia, en sabores, dando cabida a más y mejores manifestaciones de creatividad gastronómica, más amable con nuestro bolsillo y aportando de manera más eficiente momentos gratos con nuestros seres queridos, es sólo la cerveza quien ocupa este sitial de honor, mérito que debe ser reconocido.


Fuente: lagermaster.blogspot.com

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